viernes, 24 de julio de 2009

UN PASEO LUNAR

Cuando cae la noche.



En este mes de julio se cumplen 40 años de la llegada del hombre a la Luna, una de las mayores gestas de la humanidad. Desde Grajera Natural preparamos un recorrido nocturno para celebrarlo.
Salimos el día 3 a las 23:00 horas desde el parque de El Palomar. Las condiciones atmosféricas eran ideales, lo que se dice una noche tranquila y agradable, sin viento y con una temperatura óptima. Unas 15 personas, niños y mayores, asistieron a nuestro particular paseo lunar. Llevábamos linternas, pero su uso se limitó, para disfrutar de la actividad con toda intensidad y con todos los sentidos. Las noches de Grajera son impresionantes.
La Luna estaba bastante crecida y nos proporcionaba la luz necesaria para avanzar sin problemas. Bajamos por el camino que va desde El Palomar a la chopera del arroyo Seco. Aquí, nuestras sombras se fundían con las del bosque de ribera y mientras avanzábamos escuchábamos los agudos chirridos de los murciélagos. Llegamos al puente del manantial y desde aquí tomamos el camino hacia el robledal. Es asombroso lo bien que se anda de noche con la luz de la luna. Alrededor, los campos de cultivo secos, aparecían como manchas claras extensas. Mientras subíamos la cuesta encontramos los primeros robles melojos, cuyas hojas palpamos para notar la suave pelusa que cubre su envés. La magia del bosque nos salía al encuentro: sombras, incertidumbres, ruidos donde no los hay...
A medianoche ya estábamos llegando al ramal de la cañada real Soriana, que cruza el robledal y nos acerca a la charca que llaman de la cigüeña. Un agradable olor a poleo nos hizo acercarnos a su orilla. El agua no se distinguía al estar colmatada por diferentes plantas.
Aquí descansamos y, al mirar al cielo tan inmenso y estrellado, nos sentimos fundidos con ese paisaje nocturno de luna y sombras. Distinguimos diferentes constelaciones dominadas por la estrella más brillante: Vega de Lyra. Mientras, respiramos profundamente y disfrutamos de esos momentos de naturaleza pura. Y comprendimos que somos seres sociales, pues a nadie le hubiera gustado haber venido solo. Nos sentimos acompañados los unos de los otros.
La oscuridad de la noche nos hace despertar los otros sentidos.
La noche nos deja solos e indefensos, no es nuestro medio. Somos animales ópticos y cuando el sentido de la vista se limita surgen miedos e inseguridades compensibles, sólo disipados por la presencia cercana de nuestros semejantes.
Regresamos de nuestro paseo lunar satisfechos por la experiencia y nos sentimos astronautas en la Tierra.





3 comentarios:

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Hermosa noche la de ese paseo lunar entre las tierras de La Tierra.

Entiendo que en compañía resulte más seguro. Pero, una vez superado ese desasosiego que causa la soledad, la noche y el firmamento en solitario pueden hacernos una infinita compañía.

Abrazos.

Jesús Dorda dijo...

Los primates somos raros mamíferos con sentidos más de ave que de mamífero. La noche representa el miedo porque nuestros depredadores ancestrales eran nocturnos y en la oscuridad estaban en superioridad de condiciones frente al devalido homínido.
En este civilizado mundo que nos ha tocado vivir solo el lobo es un remoto recuerdo de lo que debió sentir la humanidad, pero en otras latitudes los depredadores son aún un peligro palpable.

Fernando Ávila dijo...

Hola amigos:

Siempre recuerdo los recorridos nocturnos que hacíamos,a veces, entre el puerto de Navacerrada y las praderas de Fuenfría, en plena Sierra de Guadarrama. Andar con luna llena por el camino Schmidt entre las sombras tenebrosas de los pinos albares era una experiencia única que completábamos divisando el impesionante paisaje lunar que se nos ofrecía desde la Camorca.

Un abrazo.